Juliet Tango November, un libro de Gustavo Marón

Un crimen de la Guerra Fría encubierto por cinco Estados.

El 18 de julio de 1981 un avión de carga Canadair CL-44 Swingtail de la empresa argentina Transporte Aéreo Rioplatense desapareció misteriosamente sobre la República Soviética de Armenia mientras realizaba un vuelo entre Teherán (Irán) y Larnaca (Chipre).

Cuatro días después, el 22 de julio de 1981, el noticiero televisivo Vremya difundía en Moscú la información suministrada por la agencia de noticias TASS, según la cual un avión de procedencia no identificada había ingresado a territorio soviético en proximidades de la ciudad de Ereván. Según TASS, el avión extranjero había hecho caso omiso a las llamadas y ofrecimiento de ayuda de los servicios de control de tránsito aéreo, efectuado maniobras peligrosas a consecuencia de las cuales terminó chocando en el aire con otro aparato soviético, se estrelló y se incendió.

Con ésta críptica información daba inicio una de las historias más impactantes y menos conocidas de la aviación civil argentina, la del derribo del carguero matriculado LV-JTN por parte de la Defensa Aérea Soviética. El episodio, severamente encubierto por Moscú, se enmarcaba en un escenario geopolítico mucho mayor, el transporte clandestino de armas norteamericanas que se estaba realizando entre Tel Aviv (Israel) y Teherán (Irán) en virtud de un acuerdo secreto entre los gobiernos persa y judío en momentos en que pesaba sobre Irán un embargo total de venta de armamentos dispuesto por los Estados Unidos tras la toma de rehenes ocurrida en 1979 en la Embajada norteamericana en Teherán.

La República Islámica de Irán, constituida a consecuencia de la Revolución Islámica que había estallado ese mismo año, era un enemigo declarado de Israel, a quien consideraba un mero régimen sionista que sencillamente debía ser eliminado. De hecho, el líder religioso iraní Ruhollah Khomeini no reconocía al Estado de Israel, al que aludía simplemente como “pequeño Satán”. Sin embargo, los iraníes necesitaban desesperadamente el suministro de las armas norteamericanas pues pocos meses antes, el 22 de septiembre de 1980, habían sido invadidos desde Irak por las fuerzas armadas de Saddam Hussein, dando inicio a la Guerra del Golfo Pérsico. Los israelíes vieron la posibilidad de llevar adelante un negocio sideral y, así, se embarcaron en una operación de abastecimiento tan secreta como clandestina, porque se llevaría adelante con un gobierno formalmente enemigo.

Los servicios de inteligencia de la Unión Soviética pronto tomaron conocimiento del tráfico secreto de armas entre Israel e Irán y decidieron desviar a uno de los aviones comprometidos para obligarlo a aterrizar en su territorio y así exponer la operación y a todos los protagonistas involucrados. Mediante la interferencia de comunicaciones de radio y la manipulación de las ayudas a la navegación, el KGB logró desviar de su ruta al avión de Transporte Aéreo Rioplatense, haciéndolo volar dentro de las Repúblicas Soviéticas de Azerbaiyán y Armenia. Pero los cazas Sukhoi Su-15TM despachados para interceptarlo fracasaron en su cometido, por lo que el centro de control ordenó el derribo del avión argentino antes que abandonara el espacio aéreo armenio.

La conspiración de silencio soviética comenzó luego de advertir que su Defensa Aérea había destruido un avión civil de bandera argentina, con tripulación argentina, que para colmo en ese momento volaba vacío. Al encubrimiento del gobierno de Moscú pronto se sumó el de Israel, Irán y los Estados Unidos, cuyos gobiernos procuraron mantener el asunto del tráfico de armas en el más cerrado de los secretos. Tras una minuciosa investigación sobre lo ocurrido, el gobierno argentino también decidió encubrir el crimen, para no resentir las relaciones diplomáticas y económicas con la Unión Soviética, por entonces el principal comprador de cereales de nuestro país.

Tras cuatro años de investigación, el historiador aeronáutico Gustavo Marón ha logrado exclaustrar archivos diplomáticos y documentos secretos de diversas agencias de inteligencia, con los que ha podido desentrañar este crimen de la Guerra Fría encubierto por cinco Estados. Gustavo Marón es abogado especializado en Derecho Aeronáutico y, en tal calidad, colabora regularmente con Aeromarket. Aunque tiene más de 200 investigaciones publicadas en medios especializados, éste es su primer libro, que editó el sello Grupo Abierto. Los interesados pueden adquirirlo en librerías (cadena Jenny, Cúspide y Ateneo) o bien por contacto directo con la editorial (libro@grupoabierto.com).

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