Durante décadas, cada avance tecnológico en la aviación vino acompañado por la misma predicción: Los pilotos tienen los días contados. Sin embargo, la historia parece mostrar algo diferente. En una serie de artículos, ARMKT no busca especular sobre la desaparición de los pilotos, sino observar cómo fueron cambiando las funciones, las responsabilidades y la forma de volar a medida que la tecnología transformaba la aviación.
Probablemente, un buen número de pilotos profesionales que tienen entre 40 y 50 años reconocerían la cabina de un DC-3. Identificarían los comandos, los instrumentos básicos y comprenderían la lógica general del vuelo. Sin embargo, si tuvieran que operar esa aeronave en las condiciones habituales de la época, descubrirían que les sería difícil volar en aquellas aeronaves y en un medio que ha evolucionado de una manera vertiginosa.
Durante buena parte del siglo XX, volar implicaba navegar. El piloto calculaba consumos, verificaba posiciones, interpretaba radioayudas, actualizaba estimaciones y mantenía una vigilancia permanente sobre variables que hoy son procesadas automáticamente por sistemas electrónicos. Muchas tareas que entonces exigían un conocimiento específico y una concentración casi absoluta, hoy son ejecutadas en un segundo plano por computadoras cuya capacidad de cálculo supera ampliamente cualquier expectativa imaginable por aquellos pioneros. Sin embargo, sería un error concluir que el trabajo del piloto se redujo. Lo que en realidad ocurrió fue que cambió la naturaleza del vuelo, la manera en que se realiza una operación aeronáutica.
Es cierto que la base sigue siendo la misma, a tal punto que desde hace décadas organizaciones como la Asociación de Dueños y Pilotos de Aeronaves (AOPA, por su sigla en inglés) y la propia Federal Aviation Administration (FAA) se han preocupado por el asunto y han diseñado programas al detectar en las estadísticas que muchos accidentes ocurren por la pérdida de control en vuelo, sobre todo en su fase final. Así que los fundamentos de la aviación siguen siendo los mismos, pero las funciones del piloto han cambiado y lo previsible es que la operación reciba alivio tecnológico más temprano que tarde.
Lo que se ve desde hace tiempo es que, a medida que la tecnología fue absorbiendo tareas repetitivas o mecánicas, lo que viene cambiando son las funciones vinculadas a la operación. La gestión de sistemas, la supervisión de automatismos, la toma de decisiones bajo incertidumbre, la evaluación de riesgos y la coordinación con múltiples actores del sistema aeronáutico demuestran que hoy ocupan un lugar cada vez más preponderante en el vuelo.
La paradoja es interesante. El piloto moderno realiza menos intervenciones manuales, menos cálculos manuales y dedica menos tiempo a tareas tradicionales de navegación que sus antecesores; pero probablemente administra una cantidad de información mucho mayor y opera dentro de un sistema considerablemente más complejo.
Esta transformación, que no ocurrió de un día para otro, no fue resultado de un único avance tecnológico, sino de décadas de innovaciones que modificaron gradualmente la distribución de tareas dentro de la cabina y fuera de ella. Por eso, antes de preguntarnos si algún día desaparecerán los pilotos, quizá convenga formular una pregunta más sencilla y más cercana a la historia, la cual podría ser: ¿Qué hace exactamente un piloto hoy? La respuesta a ese interrogante permite descubrir algo que muchas veces pasa inadvertido: la aviación lleva más de un siglo transformando funciones, redistribuyendo responsabilidades y redefiniendo profesiones.
Imaginemos por un momento una noche cualquiera sobre el Atlántico Norte hacia finales de la década de 1930. En la cabina viajan un comandante, un copiloto, un navegante y un radioperador. Cada uno cumple una función específica y aparentemente indispensable. El navegante calcula posiciones, el radioperador mantiene el contacto con tierra, mientras los pilotos se concentran en el vuelo. Nadie a bordo imagina que, con el paso de las décadas, dos de esas profesiones desaparecerán casi por completo de los aviones comerciales. Sin embargo, la navegación no desapareció. Tampoco las comunicaciones. Lo que cambió fue la forma de realizarlas.
Quizá allí se encuentre una de las claves para comprender el futuro. En la aviación, las funciones rara vez desaparecen; lo que cambia es la manera en que se distribuyen entre las personas, las organizaciones y la tecnología. Y esa historia recién comienza.
(Continuará…).


