La aviación en medio de cambios globales

Impacto de las últimas crisis en el sector aeronáutico • Luis Alberto Franco

El 24 de agosto pasado, el presidente Emmanuel Macron advirtió que el mundo enfrenta una grave situación que estaría signada por la escasez.“Creo que asistimos a una gran convulsión, un cambio radical. En el fondo, lo que estamos viviendo es el fin de la abundancia, de la liquidez sin costo”, dijo el Presidente francés recientemente reelegido, quien paradójicamente es conocido por transmitir un optimismo motivador.

Macron estimó que la crisis en curso se debe a una suma de factores, entre ellos destacó que el cambio climático, la pandemia y la guerra afectaron y afectan el curso de los acontecimientos. Según el mandatario galo, la escasez de algunas materias primas y del agua está sobre la mesa, por lo que habrá que tomar medidas urgentes y drásticas. También aseguró que durante la pandemia se alteró el flujo del intercambio comercial, y que a esa ralentización se le sumaron las dificultades derivadas de la guerra en Ucrania. Más allá de las causas que esgrime, la preocupación es válida.

Por su parte, el conflicto bélico ha generado un grave aumento del precio de la energía; y las sanciones a Rusia, han trabado las relaciones comerciales forjadas durante décadas.

El Presidente francés dijo que “la libertad tiene un costo” y que «el fin de la despreocupación» en todo el continente ya era una realidad. Lo cual quiere decir que de ahora en más habrá que realizar grandes sacrificios que serán novedosos para una ciudadanía acostumbrada a vivir bien y con una serie de comodidades que son difíciles de alterar.

 

El Presidente francés dijo que “la libertad tiene un costo” y que «el fin de la despreocupación» en todo el continente ya era una realidad. Lo cual quiere decir que de ahora en más habrá que realizar grandes sacrificios que serán novedosos para una ciudadanía acostumbrada a vivir bien y con una serie de comodidades que son difíciles de alterar.

En el caso francés, que aquí se toma momentáneamente como referencia, el gobierno debate si se eliminarán los topes a los precios de la energía, es decir, que lo más probable es que se liberen los precios para generar el máximo ahorro y reducir las erogaciones de un Estado que no puede responder a todas las necesidades presentes y futuras. Va de suyo que la medida afectará a muchas familias de bajos ingresos y medios, y modificará la asignación de recursos en todos los segmentos de la sociedad.

La Inflación

Mientras Macron le habla a los franceses –y en gran medida a todos los europeos– los Estados Unidos decidían cómo frenar la inflación que afecta al dólar. La decisión también es importante para el Banco Europeo, que enfrenta una crisis similar y asociada.

La crisis inflacionaria es la continuidad de una situación que no sólo se debe a la monumental inyección de moneda durante la pandemia (y las malas decisiones en términos de detener la actividad productiva bajo la premisa de evitar muertes y la multiplicación de la alarma realizada por los medios de comunicación), sino que en gran medida es la continuidad de la crisis de las hipotecas subprime y la emisión que se realizó para evitar una recesión en 2008 y los años siguientes. En otras palabras: las últimas crisis fueron atenuadas con recetas keynesianas de estímulo monetario para rescatar al sistema financiero, sobre todo el de los Estados Unidos.

El 26 de agosto, dos días después de las advertencias de Macron, Jerome Powell, presidente del Sistema de la Reserva Federal (FED), se reunió en Jackson Hole, Wyoming, con los gobernadores de la FED para exponer la situación con el fin de establecer una política monetaria que reduzca la inflación lo más rápidamente posible.

Powell dijo: “El enfoque general del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC, por sus siglas en inglés) en este momento es reducir la inflación a nuestra meta del 2 por ciento. La estabilidad de precios es responsabilidad de la Reserva Federal y sirve como base de nuestra economía. Sin estabilidad de precios, la economía no funciona para nadie. En particular, sin estabilidad de precios, no lograremos un período sostenido de condiciones sólidas en el mercado laboral que beneficien a todos. Las cargas de la alta inflación recaen más sobre aquellos que son menos capaces de soportarlas.

”Restaurar la estabilidad de precios llevará algún tiempo y requiere el uso enérgico de nuestras herramientas para lograr un mejor equilibrio entre la oferta y la demanda. Es probable que la reducción de la inflación requiera un período sostenido de crecimiento por debajo de la tendencia actual. Además, es muy probable que se ‘suavicen’ (las comillas son del informe) las condiciones del mercado laboral. Si bien las tasas de interés más altas, el crecimiento más lento y las condiciones del mercado laboral más suaves reducirán la inflación, también traerán algunos problemas a los hogares y las empresas. Estos son los costos desafortunados de reducir la inflación. Pero el hecho de no restaurar la estabilidad de precios significaría un dolor mucho mayor”. El texto es parte del discurso pronunciado por el presidente del FED.

El discurso de Powell sólo tiene una lectura: que la economía de los Estados Unidos será enfriada, lo cual significa que la actividad será menor y habrá una tasa más reducida de empleo, es más, seguramente lo que se verá será la escalada del desempleo.

El discurso de Powell sólo tiene una lectura: que la economía de los Estados Unidos será enfriada, lo cual significa que la actividad será menor y habrá una tasa más reducida de empleo, es más, seguramente lo que se verá será la escalada del desempleo.

http://www.dawertech.com.ar/Las palabras de Powell traen a la memoria el proceso inflacionario al que tuvo que hacer frente Paul Volcker (presidente de la Reserva Federal entre 1979 y 1987, nombrado por el presidente de los Estados Unidos James Carter y reconfirmado por Ronald Reagan) que elevó las tasas de interés en forma dramática (hasta alcanzar el 20%), con el consecuente desempleo (11%) lo cual logró  estabilizar la economía.

La suba de tasas en los Estados Unidos –y el mundo–, cambiará el paradigma económico social y modificará la forma en que las personas utilizan sus recursos.

Por lo expuesto, el mundo está frente a cambios de envergadura y un destino incierto.

Muchos explican los problemas inflacionarios como consecuencia de los ciclos económicos, lo que no explican satisfactoriamente es el origen de esos ciclos. La respuesta a ese espinoso problema de subas y bajas, de períodos de bonanza y escasez, es que la intervención de los gobiernos en las economías hacen que la artificialidad de esas intervenciones obstruyan el desarrollo conforme a las pautas naturales del mercado. Entre las acciones de los gobiernos que generan el denominado ciclo económico –inflación incluida–, está la manipulación de las tasas de interés para sostener un crecimiento artificial de la economía, es decir, el no dejar que el precio del alquiler del dinero (tasa de interés) sea el que indica el mercado. Aquí hay que recordar que los precios son un sistema de información imprescindible para la producción. A su turno, el tener tasas más bajas a las que indica la oferta y la demanda, el mercado, hace que se realicen inversiones que en otra situación no se hubieran realizado por no ser rentables (estar por debajo de la tasa establecida por el mercado); luego, cuando se sinceran las variables, sobreviene la crisis.

En términos prácticos ¿qué se podría esperar?

En una primera lectura, y basados en las recientes declaraciones de líderes como Emanuel Macron y Jerome Powell, se podría afirmar que en el corto plazo las familias e individuos deberán establecer nuevas prioridades. Cambiará la forma en que se asignan recursos que se verán afectados por los precios que surgen de la escasez y una recesión estabilizadora que generará desempleo. También, parece necesario establecer marcos institucionales consensuados para que la libre cooperación desarrolle nuevos procesos que fomenten y hasta aceleren la adaptabilidad del homo sapiens a la dinámica de cambios que plantea la realidad.

En este contexto, las actividades actuales (o tradicionales) sufrirán alteraciones por un período indeterminado. Eso tendrá su impacto en todas las formas de transporte incluido el modo aéreo.

La crisis en la aviación

En este escenario, la aviación sufrirá cambios importantes. A la crisis por el SARS-CoV-2, que aún afecta seriamente la salud financiera de las compañías de transporte aéreo, pero muestra signos de recuperación, sufrirá una caída de la demanda de pasajes y viajes. Probablemente se multiplicarán las quiebras de compañías y la industria del turismo se verá afectada en similar medida.

El sistema de aerolíneas low cost requerirá cambios que ya se están observando como consecuencia del precio de los combustibles, pero que se verán con mayor nitidez a medida que las restricciones monetarias se acentúen.

Los estados tampoco podrán financiar a las aerolíneas por el rigor que impondrán los bancos centrales a la inyección de dinero en el sistema.

Los estados tampoco podrán financiar a las aerolíneas por el rigor que impondrán los bancos centrales a la inyección de dinero en el sistema.

Es probable que la fabricación de aviones sufra una merma de pedidos ante la reducción del transporte de pasajeros, aunque la necesidad de mayor eficiencia podría llevar a que aquellas compañías que se puedan sostener utilicen aeronaves con tecnologías más avanzadas.

En el mismo sentido, la profundización de la falta de suministros (repuestos, refacciones, etcétera) en la aviación dejará a miles de aeronaves en tierra acelerando la obsolescencia del parque aeronáutico global.

La aviación ejecutiva o privada de alquiler podría seguir creciendo para el segmento del mercado con ingresos más altos. Esta posibilidad sería la continuación de una tendencia que imprimió la pandemia en ese nicho de mercado que todavía tiene espacio para incrementar su actividad.

https://www.airdispatchfbo.com/Si los gobiernos profundizan la desregulación de las actividades aéreas, se crearán nuevos modelos de negocios y formas de volar y transportarse. Si, por el contrario, restringen e imponen modos de vuelo y regulaciones, se reducirán los incentivos a la creatividad que impulsa innovaciones y progreso.

Relacionado con lo anterior, quedará por verse lo que parece ser el replanteo de toda la política de cero emisiones para el 2050. Al respecto, cabe tener en cuenta que las tecnologías de aviación eléctrica (híbrida o totalmente eléctrica) y el desarrollo del hidrógeno, proporcionarán respuestas a interrogantes que hoy preocupan a las autoridades y líderes de la aviación y la industria dependiente de energías fósiles. Lo que parece seguro es que los combustibles SAF no tienen mucho futuro ni posibilidades físicas de difundirse por todos los territorios y, como se dijo antes, no hay demasiadas posibilidades de subsidios de los gobiernos.

El regreso a la energía nuclear, que no está directamente relacionada con la aviación, parece inevitable, en ese sentido, los resultados en la eliminación gases del llamado efecto invernadero, se lograrán por vías que habían sido descartadas, lo cual podría brindar a la aviación una extensión en las metas de emisiones. Por otro lado, las nuevas investigaciones en materia de cambio climático, podrían modificar las políticas que se establecieron en base a información muy fragmentada, intencionada y basada en modelos matemáticos de proyección fundados en datos de corto plazo.

En lo que hace al mercado laboral concebido como un todo, la conflictividad aumentará considerablemente, lo cual es un constante factor de riesgo social y crisis política.

En general, el personal aeronáutico viene de una experiencia positiva en la adversidad de la pandemia, al haber contribuido a la supervivencias de las empresas flexibilizando las exigencias salariales, pero a futuro volverán las aspiraciones a la recuperación de mejores condiciones laborales y, sobre todo, a no seguir perdiendo lo que se consideran derechos adquiridos postergados. En este aspecto, surgen reclamos sindicales muy válidos, como por ejemplo la espinosa cuestión del descanso de los pilotos.

Por otra parte, la escasez actual de aviadores y técnicos de aviación podría atemperarse por la baja demanda lo cual podría normalizar las necesidades del sector en el corto plazo.

En materia de movilidad aérea urbana, los desarrollos de las nuevas tecnologías apuntalarán nuevas modalidades de transporte urbano e interurbano. Estas nuevas formas podrían establecer un nuevo segmento dentro de la aviación, y su regulación podría dar origen a autoridades separadas de la aviación tradicional.

Todas estas posibilidades se referencian en el cuadro de situación estático al día de hoy, y son un análisis prospectivo a partir de una foto actual, pero en modo alguno constituyen un panorama futuro certero, ya que todo está en permanente cambio y evolución.

©Aeromarket

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