Francia castiga a la aviación de negocios

El experimento francés estresa el sistema con impuesto a la aviación.

El apetito fiscal sobre la aviación de negocios en Francia coincide con una caída de la actividad de los operadores nacionales y un avance de los extranjeros. El fenómeno abre un debate parlamentario sobre las consecuencias.

En Francia, la Taxe de solidarité sur les billets d’avion (TSBA, tasa de solidaridad sobre los billetes de avión) aumentó considerablemente en marzo de 2025. Desde entonces, el impuesto alcanza los 2.100 euros por pasajero (unos 2.400 dólares) en vuelos comerciales de negocios con turborreactores hacia destinos lejanos. Un año y medio después, comienzan a observarse las posibles consecuencias de una voracidad fiscal desmedida. Según la Dirección General de Aviación Civil de Francia (DGAC), la actividad de los operadores nacionales de aviación de negocios cayó un 20 % interanual en el tercer trimestre de 2025 y un 14 % en el cuarto. La tendencia continuó durante 2026, con retrocesos del 20 % y del 11 % en los dos primeros trimestres, respectivamente. Además, hay un dato inquietante: algunas empresas redujeron sus operaciones y otras cesaron su actividad.

Lo interesante para el análisis es que, mientras retrocedían los operadores franceses, la actividad de compañías extranjeras aumentaba entre 3 y 4 %. Como consecuencia, su participación dentro de la aviación de negocios que opera en Francia pasó del 86 % a comienzos de 2025 al 91 % a mediados de 2026. Por lo visto, al menos en lo inmediato, los datos sugieren un desplazamiento de la actividad hacia operadores extranjeros, aunque todavía no se puede concluir que esos cambios se deban puramente a la cuestión impositiva.

La rapidez empresarial

En el mundo actual, el empresario que no se mueve rápidamente puede quebrar, y en la aviación ese fenómeno es especialmente relevante porque las aeronaves, los operadores y buena parte de las estructuras empresariales tienen flexibilidad y opciones que otras actividades económicas no poseen. Un impuesto puede gravar un inmueble sin que el edificio decida mudarse a Luxemburgo. Una aeronave, una empresa operadora o una estructura de gestión sí pueden reorganizarse. Sin embargo, hay una distinción importante. La TSBA también alcanza a las compañías extranjeras que realizan vuelos comerciales sujetos al impuesto desde Francia. Por lo tanto, cambiar de bandera no supone automáticamente dejar de pagar el impuesto. Sin embargo, una mayor presión tributaria puede afectar las decisiones de los operadores y de sus clientes, favorecer la reorganización de empresas o desplazar la demanda hacia destinos menos gravosos.

La situación fue expuesta crudamente en un informe presentado el 23 de septiembre por Philippe Juvin, relator general de Presupuesto de la Asamblea Nacional francesa, donde se describe la situación de negocios de la aviación francesa como «muy degradada». El documento señala que el sector francés pierde participación frente a sus competidores y advierte sobre las consecuencias económicas del tratamiento fiscal.

Hay un dato que ayuda a dimensionar la situación. Según el citado informe parlamentario, los aviones de negocios aportan menos del 4 % de la recaudación de la TSBA, pese a haber recibido uno de los aumentos proporcionalmente más fuertes de la reforma.

EBAA France, representación francesa de la Asociación Europea de Aviación de Negocios (European Business Aviation Association), tomó esos datos para reclamar una revisión del esquema fiscal durante el debate del presupuesto 2027. La entidad no pide eliminar toda contribución del sector, sino reconsiderar el nivel de imposición y analizar sus resultados. Lo que queda claro es que el debate ya no consiste solamente en determinar cuánto puede pagar la aviación de negocios, sino en establecer qué derivaciones tienen las decisiones del gobierno galo.

¿Se recauda más?

El problema parece extenderse al conjunto del transporte aéreo francés. Según estimaciones de la Federación Nacional de Profesiones de la Aviación (FNAM), el menor crecimiento del sector respecto del resto de Europa, sumado a sus efectos sobre el turismo, habría significado para Francia una pérdida de ingresos fiscales de 2.600 millones de euros en 2025 y de 3.500 millones en 2026. En contraste, la reforma tributaria habría generado unos 900 millones de euros adicionales en recaudación. La comparación debe hacerse con cuidado. Son estimaciones sectoriales que comprenden al conjunto del transporte aéreo y al turismo, no resultados fiscales comprobados ni pérdidas atribuibles exclusivamente a la aviación de negocios. Sin embargo, introducen una cuestión económica elemental al señalar que aumentar una alícuota no garantiza incrementar proporcionalmente la recaudación total si se debilita la actividad económica sobre la que se aplica.

La propia DGAC había identificado tempranamente señales de desplazamiento de actividad. Durante el tercer trimestre de 2025, los movimientos de aviación de negocios bajo pabellón francés cayeron un 21,8 %, mientras los realizados por operadores extranjeros aumentaron un 4 %. El mercado total permaneció prácticamente estable.

Más que transportar ejecutivos

La aviación de negocios suele asociarse con el traslado de empresarios en jets privados entre grandes ciudades. Sin embargo, se trata de una actividad mucho más amplia, que comprende numerosos servicios y genera empleo en distintos sectores aeronáuticos. EBAA France sostiene que el sector representa 101.500 empleos directos e indirectos en unas 500 empresas y organizaciones, y utiliza 261 aeropuertos franceses. Incluye operadores, mantenimiento, construcción aeronáutica, capacitación, servicios aeroportuarios y asistencia en tierra.

También existe una cuestión territorial. La aviación de negocios conecta centros industriales y productivos que muchas veces están alejados de los grandes aeropuertos o cuentan con servicios regulares insuficientes. Su infraestructura y los servicios asociados también pueden sostener operaciones gubernamentales, sanitarias y otras misiones especiales.

Charles Aguettant, presidente de EBAA France, llevó el argumento un paso más allá al plantearlo como un asunto de soberanía. Si los operadores franceses representan solamente el 9 % de la actividad realizada en su propio país, sostiene, Francia corre el riesgo de depender crecientemente de compañías extranjeras. Puede discutirse hasta dónde corresponde llevar el concepto de soberanía en una actividad comercial abierta y competitiva, pero el interrogante existe. Una cosa es que operadores extranjeros ganen mercado porque son más eficientes, y otra muy distinta que una estructura de costos y regulaciones contribuya a debilitar la competitividad de las empresas nacionales.

El dilema francés

EBAA France propone ahora tres modificaciones: revertir el incremento de la TSBA aplicado desde marzo de 2025, revisar el tratamiento tributario del transporte aéreo no regular y estudiar conjuntamente la carga fiscal que recae sobre operadores, aeropuertos y otras actividades vinculadas. Naturalmente, la organización representa los intereses del sector y sus planteos deben leerse desde esa posición. Lo que transforma el asunto en algo más interesante que una protesta empresaria es que los datos difundidos por la DGAC muestran un deterioro efectivo de la participación francesa, aunque eso no demuestra que toda la caída responda exclusivamente al impuesto. El período también estuvo atravesado por mayores costos de combustible, tensiones geopolíticas y perturbaciones de operaciones hacia Medio Oriente. Pero la secuencia merece atención. La actividad francesa se había estabilizado durante 2024 y hasta el segundo trimestre de 2025. Desde el tercero volvió a caer con fuerza, mientras la extranjera creció.

¿Una lección francesa para todos?

El debate francés tiene interés mucho más allá de sus fronteras porque toca una cuestión recurrente en la política aerocomercial. La aviación es particularmente sensible a impuestos, regulaciones y costos porque buena parte de la actividad puede desplazarse entre jurisdicciones. Cuando una política pública encarece significativamente la operación de una empresa, puede alterar sus decisiones de inversión, organización y permanencia en el mercado. El objetivo declarado era aumentar la contribución fiscal de una actividad identificada con pasajeros de alto poder adquisitivo. Los resultados preliminares muestran, además, una pérdida de participación de los operadores franceses frente a los extranjeros. Por eso, la cuestión planteada por EBAA France es más interesante que una simple discusión sobre cuánto debe pagar quien utiliza un avión ejecutivo.

http://tenilaviacion.com.ar/es/

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