Ecos del “Proyecto Relámpago”

Lo que las tormentas argentinas siguen enseñando • Por LUis Alberto Franco

El Grumman Gulfstream G159, utilizado en las operaciones en la Argentina.

Nuevos estudios de RELAMPAGO–CACTI profundizan el conocimiento de la convección, los rayos y los errores de los modelos. Para la aviación, ayudan a comprender mejor un peligro que exige interpretar varias fuentes de información.

Una tormenta puede tener una actividad eléctrica extraordinaria sin alcanzar los mayores desarrollos verticales de la región. Un modelo puede reproducir razonablemente la lluvia y representar mal la cantidad o la intensidad de las células que la producen. Una relación entre hielo y descargas eléctricas obtenida en Estados Unidos puede dar resultados muy diferentes al aplicarse a Sudamérica.

Estos son algunos de los problemas que siguen investigándose con las observaciones de RELAMPAGO–CACTI, las campañas que desplegaron instrumental científico en la Argentina durante 2018 y 2019. En 2026 se publicaron nuevos trabajos que permiten volver sobre aquella experiencia desde una perspectiva aeronáutica. La novedad está en los resultados que continúa produciendo el análisis de los datos.

Una región excepcional

Aunque suelen mencionarse juntas, RELAMPAGO y CACTI fueron iniciativas diferentes y complementarias. La primera, vinculada con la National Science Foundation estadounidense, estudió el desarrollo de las tormentas, su electrificación y sus efectos hidrometeorológicos. CACTI, financiada por el Departamento de Energía de Estados Unidos, investigó las interacciones entre nubes, aerosoles y terreno complejo.

RELAMPAGO tuvo un período extendido de observaciones entre junio de 2018 y abril de 2019, con una campaña intensiva en noviembre y diciembre de 2018. El despliegue se concentró en las Sierras de Córdoba y las estribaciones andinas próximas a Mendoza, donde era posible observar cómo el relieve y las condiciones atmosféricas intervienen en la formación de convección intensa. En los vuelos de investigación realizados en la Argentina participó a bordo, como enlace, el comandante Carlos Bentancor.

La pregunta científica excedía la identificación de tormentas peligrosas. Había que conocer qué procesos favorecen su nacimiento, cuáles las fortalecen y bajo qué condiciones se agrupan en sistemas mayores. Para la aviación, esas diferencias tienen consecuencias prácticas: una célula aislada y un sistema convectivo extenso pueden exigir decisiones muy distintas sobre rutas, combustible, alternativas y continuidad de las operaciones.

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Estructura poco habitual

Un trabajo publicado el 16 de octubre de 2026, encabezado por Bruno L. Medina, examinó una tormenta observada en Córdoba durante la campaña de 2018. Sus topes de eco rondaban los 10,5 kilómetros —aproximadamente 34.400 pies— y la frecuencia total de descargas superó las 120 por minuto. La actividad eléctrica se concentraba en niveles relativamente bajos, con un máximo de iniciación cercano a los seis kilómetros. El estudio encontró una distribución de cargas poco habitual y analizó su relación con el movimiento del aire y las partículas presentes. Durante el período de mayor actividad eléctrica, las corrientes ascendentes máximas variaron entre 10 y 14 metros por segundo. También se observaron mayores volúmenes de graupel —partículas de hielo formadas por acreción de gotas sobreenfriadas— y granizo en niveles asociados con la región inferior de carga positiva. Hay una precisión especialmente relevante: los investigadores no encontraron una relación clara entre la tasa de disipación turbulenta, o EDR, y la iniciación y propagación de las descargas. Eso no elimina las relaciones físicas entre electrificación, hielo y movimientos convectivos. Sí impide tomar este caso como fundamento de una equivalencia sencilla entre cantidad de rayos e intensidad de la turbulencia.

Comparaciones son odiosas

Otro estudio, publicado el 12 de junio de 2026 y encabezado por Marquette N. Rocque, comparó las relaciones entre actividad eléctrica y propiedades microfísicas de tormentas sudamericanas y estadounidenses. Los resultados mostraron que las tormentas estudiadas en Sudamérica tenían mayores volúmenes de eco de 35 dBZ y más graupel “35 dBZ (unidad de reflectividad que expresa la intensidad del eco de radar) por descarga. Los autores desarrollaron relaciones regionales y las probaron en una simulación de un sistema convectivo con resolución horizontal de un kilómetro. En ese caso, aplicar las relaciones basadas en tormentas estadounidenses habría sobreestimado la frecuencia de descargas por un factor de ocho. El resultado no significa que todos los pronósticos de rayos para la Argentina tengan ese error. Corresponde a las parametrizaciones y al caso evaluados. Su alcance es, sin embargo, importante: una fórmula que funciona en una región necesita validación antes de utilizarse en otra.

Desde la perspectiva aeronáutica, esto refuerza el valor de las observaciones locales. La calidad de un producto depende también de que represente los procesos de las tormentas sobre las que pretende informar. Incorporar tecnología es necesario; comprobar su desempeño regional también lo es.

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Córdoba, un banco de pruebas

La biblioteca LASSO–CACTI, presentada en un trabajo de 2026, reúne simulaciones de 20 jornadas de la campaña argentina. En una selección de nueve casos, la resolución horizontal llega a 100 metros. El conjunto supera los dos petabytes y está disponible para investigación. Su distribución comenzó antes de esta publicación, que sistematiza sus características y posibilidades de uso. La herramienta permite comparar distintas representaciones de un mismo episodio con las observaciones. Al modificar las condiciones de las simulaciones, los investigadores pueden examinar cuánto cambia el desarrollo de la convección y dónde aparecen los errores.

Un estudio de marzo de 2026 utilizó datos de CACTI para evaluar una configuración regionalmente refinada del modelo atmosférico SCREAM, del Departamento de Energía estadounidense. Encontró una producción excesiva de pequeños núcleos de precipitación y lluvias demasiado intensas. En un caso analizado en detalle, el modelo demoraba el desarrollo inicial de las nubes, pero después generaba convección excesivamente vigorosa. Son resultados de ese modelo y configuración, no un diagnóstico general de los pronósticos argentinos. Para el usuario aeronáutico, la distinción importa. Prever que habrá tormentas en una región no equivale a anticipar correctamente cuándo aparecerán, cómo se organizarán o cuánto durarán. Esas diferencias pueden modificar la disponibilidad de una ruta o de un aeropuerto aun cuando el pronóstico general haya identificado el ambiente convectivo.

Una imagen no resuelve

Estos avances también ayudan a poner en contexto la información que llega a pilotos, despachantes y controladores. La reflectividad de radar, la altura de los ecos, la actividad eléctrica y las observaciones de viento describen aspectos distintos de la tormenta.

La FAA recuerda que la reflectividad convencional muestra principalmente precipitación y no constituye una medición directa de turbulencia. También advierte que la apariencia exterior de una tormenta no permite determinar de manera fiable la turbulencia o el granizo que contiene, y que sus efectos pueden extenderse fuera de la nube visible. Esto no desconoce las funciones específicas de detección de turbulencia que incorporan ciertos radares; obliga a distinguir qué producto se está utilizando y cuáles son sus limitaciones.

La lectura aeronáutica de RELAMPAGO–CACTI no consiste, por lo tanto, en buscar un nuevo indicador que resuelva por sí solo el peligro convectivo. Los trabajos muestran cuánto puede variar la estructura interna de las tormentas y por qué es necesario contrastar observaciones y modelos.

Tampoco permiten afirmar que ya se haya obtenido una mejora cuantificada en los avisos operacionales o en la seguridad de los vuelos. Entre un hallazgo científico y su incorporación a un servicio meteorológico hay etapas de desarrollo, validación y evaluación.

El aporte que hoy puede reconocerse es concreto: las mediciones realizadas en la Argentina siguen permitiendo comprobar hipótesis, identificar errores y desarrollar herramientas adaptadas a las tormentas de la región. Para una aviación que necesita anticiparse a su evolución, conocer mejor esos procesos es una inversión cuyo valor continúa después de que se retira el último instrumento de una campaña.

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