El fuego también deja una estela de datos

Un estudio sobre la actividad de las flotas aéreas en California.

Imagen: ChatGPT.

Un estudio publicado en marzo de 2026 utilizó datos ADS-B para reconstruir la actividad de las flotas de CAL FIRE y del Servicio Forestal de Estados Unidos durante la temporada de incendios de California de 2020. El trabajo muestra el potencial de la huella electrónica de las aeronaves para evaluar tiempos de respuesta, distribución de recursos y coordinación entre organizaciones.

Durante décadas, buena parte de la evaluación del combate aéreo de incendios dependió de registros internos, partes de misión y planillas de descargas. Ese material permite saber qué hizo una aeronave, pero suele estar fragmentado entre organismos y no siempre ofrece una imagen completa de lo ocurrido en el espacio aéreo.

https://www.instagram.com/agsuraviones/El estudio de 2026 exploró otra posibilidad: la de utilizar las señales de Vigilancia Dependiente Automática–Radiodifusión (ADS-B) para reconstruir los movimientos de las aeronaves y comparar cómo respondieron dos de las mayores organizaciones que operan contra incendios en California, el Departamento de Silvicultura y Protección contra Incendios de California (CAL FIRE) y el Servicio Forestal de Estados Unidos (USFS).

El trabajo no buscó determinar qué descargas fueron más efectivas para controlar un incendio ni qué avión resultó más eficaz. Su objetivo fue más básico y, a la vez, muy relevante: establecer cuándo llegaron los primeros medios aéreos, cómo se distribuyó la actividad de ambas flotas y qué factores parecieron influir en la decisión de movilizarlas.

Una fuente común para seguir las aeronaves

Los investigadores recurrieron a OpenSky Network, una red abierta que recibe y archiva emisiones ADS-B y Mode S y, a partir de las matrículas y los identificadores electrónicos de las aeronaves, obtuvieron trayectorias con posición, altitud y tiempo registradas a una frecuencia de un dato por segundo.

El resultado fue una base de casi 40 millones de posiciones. Aproximadamente 17,9 millones correspondieron a aeronaves utilizadas por el USFS y 21,9 millones a medios de CAL FIRE, equivalentes a unas 4.968 y 6.090 horas de vuelo observables, respectivamente.

Esa reconstrucción permitió observar en una misma plataforma dos modelos de flota diferentes. CAL FIRE dispone de una estructura estatal permanente, mientras que el Servicio Forestal combina aeronaves contratadas en exclusividad con otras convocadas según la necesidad.

En lugar de depender de sistemas administrativos incompatibles, el ADS-B ofreció una fuente común que no distingue quién es el propietario ni qué organismo contrató el avión.

Esa puede ser la principal aportación del estudio. El ADS-B, concebido como una herramienta de vigilancia y conocimiento de la situación aérea, también puede convertirse en una fuente para estudiar el desempeño general de un sistema de manejo de incendios.

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Más de siete mil incendios bajo observación

Los investigadores relacionaron las trayectorias con 7.214 incendios registrados durante 2020. Consideraron que había existido respuesta aérea cuando detectaban una aeronave de las flotas estudiadas dentro de un radio de cinco kilómetros del foco durante las 24 horas posteriores a su descubrimiento.

Bajo ese criterio, el estudio informa que se registró respuesta aérea en 1.476 incendios. En el desglose publicado, CAL FIRE fue la primera organización detectada en 840 casos y el USFS en 637, aunque ambas cifras presentan una diferencia de un caso respecto del total informado.

Los tiempos promedio fueron elevados: 700 minutos para CAL FIRE y 673 para el USFS. Sin embargo, esos valores no deben interpretarse como tiempos normales de despacho de un ataque inicial. El estudio abrió una ventana de observación de 24 horas y midió la primera detección ADS-B dentro del radio establecido. Por lo tanto, incluyó intervenciones ocurridas bastante después de descubierto el incendio y no solo las salidas inmediatas desde una base.

La dispersión de los resultados también constituye un dato relevante. La llegada de aeronaves no siguió un reloj único ni se concentró sistemáticamente en los primeros minutos.

Los autores advierten que la movilización depende de la disponibilidad de medios, la evolución del fuego, el humo, las restricciones del espacio aéreo, los costos, las alternativas terrestres y las decisiones adoptadas bajo incertidumbre. Dos incendios aparentemente similares pueden recibir respuestas diferentes.

Se vuela antes cuando hay más en riesgo

El análisis también buscó identificar qué condiciones se relacionaban con una respuesta más rápida.

Las temperaturas más altas y la proximidad a zonas pobladas mostraron una asociación con una llegada anterior de aeronaves. En cambio, los combustibles más húmedos y una vegetación más verde que la habitual estuvieron vinculados con respuestas más tardías. El viento y la pendiente no presentaron una relación estadística clara con el momento de llegada dentro de esta base de datos.

La lectura resulta lógica, aunque debe hacerse con cautela. Los medios aéreos parecen movilizarse con mayor rapidez cuando las condiciones sugieren mayor potencial de propagación y cuando existen personas, viviendas o infraestructura cercanas.

Eso no significa que los organismos apliquen una fórmula automática, sino que las decisiones reales dejan patrones visibles cuando se analizan miles de casos.

También apareció una relación moderada con la distancia a las bases. Los incendios que recibieron respuesta se encontraban, en promedio, más cerca de una base de CAL FIRE que aquellos en los que no se detectó actividad aérea.

Sin embargo, el estudio no encontró una división geográfica pronunciada entre ambas organizaciones. Sus áreas de operación se superpusieron ampliamente y los tiempos esperados de respuesta fueron similares dentro de las regiones observables mediante ADS-B.

Más que dos flotas separadas, los datos muestran un sistema en el que los recursos estatales y federales participan de una red compartida de supresión, condicionada por la disponibilidad y por el criterio de enviar el medio más conveniente.

Lo que el ADS-B no alcanza a ver

La aparente precisión de un dato por segundo no elimina las limitaciones. La recepción terrestre de ADS-B depende de la línea de vista. Una aeronave que vuela bajo entre montañas puede desaparecer para los receptores aunque continúe operando. Eso afecta especialmente a helicópteros y aviones que siguen el relieve o trabajan en zonas remotas.

Para reducir el riesgo de considerar como ausencia de respuesta lo que en realidad era ausencia de señal, los investigadores excluyeron 1.003 incendios situados en áreas sin detecciones ADS-B próximas durante el año.

Esa decisión mejora la consistencia del análisis, pero también inclina la muestra hacia regiones con mejor cobertura, mayor densidad de receptores y más presencia humana. Por eso, los resultados describen la actividad que pudo observarse y no la totalidad de las operaciones desarrolladas en California.

El ADS-B tampoco permite afirmar por sí solo que una aeronave realizó una descarga, cuánto producto lanzó o si la acción consiguió el resultado táctico previsto. Para eso siguen siendo necesarios los registros de misión, los datos de descarga y la evaluación posterior del incendio.

Su fortaleza está en otro lugar, dado que permite reconstruir el movimiento de flotas pertenecientes a diferentes organismos mediante una misma fuente de información.

…una política previa que asegure la disponibilidad de los medios. La respuesta estatal necesita, además, brindar previsibilidad al sector privado, cuya capacidad suele resultar insuficiente por sí sola para enfrentar un flagelo de magnitud creciente…

De la vigilancia aérea a la gestión de la flota

Los autores proponen combinar las emisiones ADS-B terrestres y satelitales con la telemetría propia de los organismos, los registros de descargas y la información procedente de aeronaves no tripuladas.

Un sistema de ese tipo podría ofrecer una imagen más completa de los medios disponibles, su utilización, sus tiempos de respuesta y las zonas con menor cobertura.

La consecuencia supera el análisis histórico de una temporada. Los mismos datos podrían ayudar a decidir dónde ubicar bases, qué aeronaves mantener disponibles, cuándo reforzar una región y cómo coordinar flotas de distintos propietarios.

El combate aéreo del fuego suele medirse por la cantidad de aeronaves y por los litros que pueden lanzar. El estudio introduce otra dimensión: la posibilidad de observar el sistema completo y determinar dónde están realmente los medios, cuándo llegan y bajo qué condiciones se decide utilizarlos. Desde ya que, para que los medios “estén”, hay que elaborar políticas de previsión que sirvan de respaldo al sector no estatal, dado que la capacidad estatal, por lo general y en todas partes, resulta insuficiente para hacer frente al creciente flagelo del fuego.

Esa posibilidad de optimización exige, sin embargo, una política previa que asegure la disponibilidad de los medios. La respuesta estatal necesita, además, brindar previsibilidad al sector privado, cuya capacidad suele resultar insuficiente por sí sola para enfrentar un flagelo de magnitud creciente.

El estudio abre una puerta inmensa a la optimización. Está claro que el ADS-B no apaga incendios, pero permite conocer si la flota preparada para hacerlo está en el lugar adecuado y si llega cuando todavía puede modificar el resultado.

Basado en: Magstadt et al., International Journal of Disaster Risk Reduction (2026), con datos ADS-B de OpenSky Network.
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