Calibrar es lo prioritario

Más allá del cambio de avión o medio, la calibración sería lo que realmente cuenta.

Una jornada realizada en Río Cuarto puso aviones, drones y pulverizadoras terrestres bajo la misma lupa. Los resultados mostraron que la productividad y la calidad de aplicación no dependen solamente de incorporar tecnología nueva, sino también de medir, calibrar y aprovechar mejor la que ya está disponible.

Más de 400 productores, aplicadores, técnicos y referentes participaron en Río Cuarto de Fitosanitarios 360, una jornada organizada por la Mesa de Buenas Prácticas de Río Cuarto que reunió aviones agrícolas, drones y pulverizadoras terrestres para evaluar no solo capacidad operativa, sino también calidad de aplicación. El dato más atractivo para la aviación agrícola apareció en uno de los ensayos realizados con un Piper PA-25 de 150 HP (1961), con un precio de mercado de alrededor de US$90.000, que, configurado adecuadamente, pudo realizar unas 100 hectáreas por carga y completar ese trabajo en alrededor de una hora, logrando aplicaciones de fungicidas de alta calidad. Más allá del rendimiento puntual, el ejemplo tiene interés porque toca una discusión habitual en el trabajo aéreo: cuánto depende la productividad de la incorporación de equipos nuevos y cuánto del conocimiento sobre la máquina disponible.

La propia jornada buscó poner números sobre esa cuestión. Juan Molina, secretario de FeArCA y titular de Grupo APC, resumió el concepto al señalar que, antes de preguntarse cuánto cuesta una tecnología nueva, también conviene preguntarse cuánto potencial de la tecnología existente todavía no se está aprovechando.

La calibración entra en la ecuación

Los resultados medidos a campo reforzaron ese enfoque. En aviación agrícola, una aeronave correctamente calibrada superó el 90 % de calidad de aplicación y alcanzó parámetros considerados prácticamente ideales para tratamientos con insecticidas y fungicidas. Ese dato resulta particularmente significativo porque desplaza parte de la discusión desde la máquina hacia su utilización. La plataforma puede tener décadas, pero la calidad final de la aplicación depende también de configuración, calibración, técnica y medición.

Durante la jornada se realizaron aplicaciones con otras aeronaves y tecnologías orientadas a mejorar la precisión, el control y la eficiencia.

El objetivo que atravesó la experiencia fue precisamente que no se asumiera que la innovación comienza necesariamente por reemplazar el equipo, sino por comprobar cuánto rendimiento puede obtenerse de una máquina ya disponible cuando se trabaja sobre calibración y conocimiento.

Avión, dron o terrestre

Fitosanitarios 360 también permitió observar en un mismo escenario tecnologías que muchas veces se presentan como competidoras. Por ejemplo, una pulverizadora terrestre de unos 20 años de antigüedad y valor estimado en US$40.000 logró una capacidad cercana a 400 hectáreas diarias manteniendo altos estándares de calidad. Otra prueba obtuvo una aplicación de excelente calidad trabajando con apenas 6 litros de agua por hectárea. Los drones, por su parte, mostraron buenos resultados y continuaron evidenciando su evolución como herramienta para pulverización agrícola.

La comparación no permite concluir que una tecnología sustituya a las demás. Más bien muestra que la productividad y la calidad dependen de la misión, la superficie, las condiciones operativas y la correcta utilización de cada herramienta. Para el aeroaplicador, ese punto no es menor. La incorporación de drones y la evolución de las máquinas terrestres amplían la oferta tecnológica, pero no eliminan las ventajas del avión allí donde la capacidad de cobertura, la velocidad y la oportunidad de aplicación resultan determinantes.

Medir antes de invertir

La experiencia giró en torno a una metodología basada en medir, comparar y convertir resultados en información operativa. En ese marco también se presentó el Programa PC —Productividad y Calidad en Pulverizaciones—, que busca integrar ambas variables: hacer más hectáreas y hacerlas mejor. Ese enfoque probablemente sea el dato más útil que deja la jornada para el trabajo aéreo.

En un contexto donde buena parte de la discusión tecnológica suele quedar concentrada en equipos nuevos, automatización o sustitución de plataformas, los ensayos de Río Cuarto vuelven sobre una cuestión bastante más básica, en la que una aeronave veterana, correctamente configurada y medida, todavía puede ofrecer niveles de productividad y calidad muy competitivos.

La tecnología abre posibilidades, pero no reemplaza al conocimiento. Ese fue, en definitiva, el mensaje que atravesó toda la jornada.

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