El límite ya no es la pista: es el software

Zúrich muestra qué pasa cuando falla el sistema; Ezeiza advierte qué puede pasar si no se lo implementa bien • Por Luis Alberto Franco

Presentación de EANA del nuevo Sistema de Gestión del Tránsito Aéreo (Comunicado 8/10/2025).

Un aeropuerto puede tener su infraestructura intacta, condiciones meteorológicas normales y demanda sostenida, y aun así perder capacidad de manera significativa. Eso es lo que ocurrió en Zúrich, donde una falla en el sistema de gestión del tránsito aéreo obligó a reducir en torno al 30 % las tasas de aproximación durante varios días. No hubo cierre de pista ni eventos visibles para el pasajero más allá de demoras acumuladas. Sin embargo, el sistema dejó de rendir como estaba diseñado.

El episodio no remite a un problema clásico de la aviación. No es una limitación física ni una contingencia meteorológica. Es una falla en el software que organiza el flujo de aeronaves. En particular, las herramientas de secuenciación de llegadas —como los sistemas AMAN— que permiten sostener tasas de operación elevadas mediante la optimización continua del tránsito.

Cuando ese “cerebro” se degrada, la operación no se detiene, pero cambia de régimen. Los controladores deben asumir manualmente funciones que antes estaban automatizadas; la carga de trabajo aumenta y, como consecuencia directa, la capacidad se reduce. No por falta de infraestructura, sino por una decisión operativa orientada a preservar la seguridad. El sistema no colapsa; se contrae.

Este tipo de eventos permite observar con claridad un cambio más profundo que pone en evidencia que el cuello de botella de la aviación ya no está donde históricamente se lo ubicaba. Durante décadas, la capacidad estuvo condicionada por la pista, el espacio aéreo o la cobertura radar. Hoy, cada vez más, depende de la calidad, robustez e integración de los sistemas que gestionan la información y el flujo.

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Advertencia de ATEPSA

Mientras esto sucede en la puntual Suiza, en la Argentina se está discutiendo la implementación de un nuevo sistema ATM en el ACC Ezeiza, que ha llamado la atención del gremio de los controladores (ATEPSA), que ha presentado sendas notas sobre el problema ante la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC) y la Empresa Argentina de Navegación Aérea (EANA). (Ver aquí).

Lo que sucede en el ACC Ezeiza no se trata de una falla en operación, sino de un cuestionamiento al proceso de incorporación de la tecnología. Las observaciones planteadas apuntan a aspectos que, lejos de ser menores, forman parte del núcleo del problema, ya que señalan una capacitación insuficiente, entornos de simulación que no reproducen condiciones reales, un incremento de la carga operativa y la ausencia de una evaluación formal de riesgos previa a la puesta en servicio. Es decir, que podría derivar en resultados comparables a los de Zúrich en términos de eficiencia (o eficacia), pero ajustado a una precariedad que podríamos definir como “más subdesarrollada”, ya que en un caso se refleja un sistema maduro que experimenta una falla y responde degradando su capacidad, mientras que el otro expone tensiones propias de un proyecto un tanto precario.

¿Hay punto de contacto?

La automatización no elimina la carga de trabajo; la redistribuye. Tampoco elimina el riesgo; lo desplaza hacia el diseño del sistema, la calidad de las interfaces, la integración de funciones y, sobre todo, la forma en que se gestiona la transición entre el entorno tradicional y el nuevo esquema operativo. En ese proceso, el factor humano no desaparece: cambia de rol y muchas veces queda expuesto a nuevas formas de exigencia.

En general, la aviación sigue siendo, en términos estadísticos, uno de los sistemas más seguros del mundo; pero esa seguridad ya no descansa únicamente en redundancias físicas o procedimientos estandarizados, sino en decisiones menos visibles, como el diseño de los sistemas, su validación antes de la implementación y los incentivos bajo los cuales se los introduce en operación. Este último punto es particularmente importante bajo una administración del Estado que presume de libertaria, ya que si la Empresa Argentina de Navegación Aérea S.A. fuera privada, los incentivos para el personal serían más adecuados al estándar global. La discusión en Ezeiza sugiere que, sin una implementación cuidadosamente gestionada, ese tipo de problemas no sólo puede ocurrir, sino que puede anticiparse.

Otra conclusión importante, de cara al vertiginoso progreso tecnológico, que queda expuesta en el caso de Zúrich, es que incluso en entornos altamente desarrollados, con capital humano con incentivos adecuados, una falla en el sistema puede reducir la capacidad de manera inmediata.

La pregunta, entonces, no es si la tecnología funciona, sino otra: quién la valida, cómo se integra y en qué condiciones se decide confiar en ella para sostener el flujo de un sistema que no admite errores.

Menos mal que en la Argentina, el titular de la ANAC, el organismo que regula a la Aviación Civil Argentina, es un excontrolador de tránsito aéreo y dos veces titular de la DNINA. Una ironía del destino.

Nota de redacción — Último momento: Fuentes de ARMKT señalan que, en medio de los cuestionamientos técnicos, la implementación del sistema ATM habría sido pospuesta al menos hasta fines de mayo.

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