Recientemente, varios ingenieros de pruebas de vuelo de Boeing completaron la última sesión del programa “Flight Test Bootcamp” que diseñaron Boeing y su subsidiaria Aurora Flight Sciences, para acelerar las competencias que moldean a los conductores/directores de
pruebas de vuelo del futuro. Este programa inmersivo de tres semanas fue pensado para que los participantes experimenten las exigencias de dirigir una prueba de vuelo de alta tecnología.
Boeing lleva tres años ofreciendo este programa, pero lo que acaba de suceder en esta oportunidad es que se trató de la primera que la experiencia se lleva a cabo en las instalaciones de Aurora Flight Sciences, una subsidiaria de Boeing, ubicada en Manassas, Virginia.
En esta oportunidad, los estudiantes trabajaron con el Centaur de Aurora, una aeronave opcionalmente pilotada (OPA), que proporcionó a la próxima generación de ingenieros de pruebas de vuelo la particular experiencia con aeronaves no tripuladas, autonomía de vuelo y operaciones de control remoto.

La importancia del Flight Test Bootcamp radica en que ofrece capacitación intensiva para ingenieros de pruebas de vuelo que estén interesados en liderar. En aviones comerciales, este puesto se conoce como director de pruebas de vuelo. En aeronaves de defensa, como conductor de pruebas de vuelo. Las personas que ocupan este cargo son responsables de que las pruebas de vuelo se realicen de forma segura y eficaz.

El programa busca desarrollar una vía acelerada de capacitación de excelencia. Boeing tiene importantes programas de pruebas de vuelo en cartera, por lo que debe asegurarse de que el personal esté preparado para ejecutarlos con seguridad.
Flight Test Bootcamp también permite a los participantes conocer a otros ingenieros de pruebas de vuelo de Boeing e interactuar con ellos.
“Como soy del Reino Unido, es fantástico ver el mundo más amplio de Boeing y BT&E en los EE. UU., conocer gente y crear una red más amplia», dijo Maisie Dobbs, ingeniera de pruebas de vuelo que brinda soporte al H-47 Chinook que acaba de participar del programa.

El avión Centaur con pilotaje opcional
El avión Centaur se opera como un sistema no tripulado sustituto desde una estación terrestre, pero lleva un piloto de seguridad a bordo, lo que permite llevar a cabo pruebas de vuelo y con tecnologías avanzadas y entrenar profesionales. Centaur ha estado volando en el espacio aéreo nacional desde 2015. Ha completado varias misiones científicas con éxito y ha realizado pruebas de diversas tecnologías y procedimientos necesarios para operaciones no tripuladas.
“Aurora Flight Sciences lleva más de 35 años impulsando el vuelo autónomo”, afirmó la Dra. Mia Stevens, ingeniera jefa del programa ATLAS (Aceleración de Pruebas de Software de Autonomía en Vivo) en Aurora. “Lo que nos distingue es cómo combinamos la investigación, las pruebas de vuelo y las aeronaves reales para hacer operativa la autonomía. Estamos desarrollando sistemas que definirán cómo piensa y vuela la próxima generación de aeronaves”, dijo Stevens.
Los avances en autonomía de Aurora se basan en una profunda experiencia técnica en guiado, navegación y control (GNC), capacidades de percepción e investigación y desarrollo tecnológico en etapas iniciales. Estas capacidades clave permiten a los sistemas de Aurora percibir su entorno, tomar decisiones y ejecutar maniobras precisas, que van desde algoritmos de percepción que permiten a las aeronaves identificar zonas de aterrizaje y obstáculos, hasta arquitecturas GNC que mantienen los vehículos estables y listos para la misión. El enfoque técnico integrado de Aurora garantiza una autonomía fiable desde el concepto hasta el vuelo.
Estas capacidades son aplicables en una variedad de plataformas, y cada una de ellas aporta conocimientos únicos sobre cómo las aeronaves pueden operar de manera independiente e inteligente.
El enfoque de Aurora Flight Sciences
Según la información que brinda Aurora Flight Sciences, su enfoque respecto de la autonomía es desarrollar una tecnología en la que se pueda confiar, lo que significa que funcione de manera predecible, que aprenda continuamente y trabaje en estrecha colaboración con operadores humanos.
Este proceso comienza en el laboratorio, donde pilotos experimentados y sistemas autónomos operan juntos en entornos simulados. Mediante herramientas como el seguimiento ocular y la monitorización de la frecuencia cardíaca, los ingenieros de Aurora estudian cómo interactúan los pilotos con la automatización, creando sistemas diseñados para generar confianza y mejorar la toma de decisiones en la cabina.
La nueva tecnología puede probarse posteriormente en el simulador de hardware en el circuito (HMI) de la compañía, conocido como HILSim, que permite a los ingenieros probar las capacidades autónomas con hardware y software de aeronaves reales antes de realizar cualquier vuelo. HILSim conecta el diseño con la realidad, proporcionando un entorno de alta fidelidad para evaluar el rendimiento y la seguridad del sistema en condiciones de vuelo complejas.
Durante las pruebas de vuelo, los operadores en tierra supervisan los vuelos desde uno de los centros de operaciones remotos de la compañía. En Centaur, suele viajar un piloto de seguridad, listo para tomar el control de la aeronave en caso de ser necesario.
En muchas aplicaciones, la autonomía amplía las capacidades humanas en lugar de sustituirlas. Combinar la supervisión humana con la toma de decisiones autónoma permite el juicio humano cuando es necesario y una automatización precisa y eficiente cuando se requiere. La autonomía añade un elemento de redundancia para aumentar la seguridad, y el equipo humano-máquina puede realizar misiones más complejas, aumentando el número, la amplitud y la duración de las tareas.


