Treinta y tres grupos de la industria de la aviación enviaron una carta a los líderes del Congreso de los EE. UU. instándolos a financiar mejoras en la contratación de controladores de tráfico aéreo y la modernización del sistema.
Entre otras cosas, la carta expresa que las organizaciones firmantes que representan al sector aeroespacial y de la aviación de Estados Unidos apoyan un sistema de control de tránsito seguro, resistente y modernizado como el que el Congreso aprobó en la Ley de Reautorización de la FAA recientemente promulgada. Los firmantes instan a proteger y desarrollar las inversiones que la ley garantizaba para mejorar la seguridad en el aire y en tierra.
Uno de los párrafos de la nota decía: “Para mantener un sistema de ATC de primera clase que sea competitivo a nivel mundial, es nuestro objetivo unificado trabajar con el Congreso de los EE. UU. y la administración para encontrar un terreno común para garantizar la seguridad operativa y la eficiencia del sistema del espacio aéreo nacional. Para lograrlo, debemos apoyar la contratación y capacitación de personal de control de tránsito aéreo, modernizar e implementar instalaciones y equipos de última generación para ese control, implementar mejoras en las adquisiciones y los programas y la reestructuración de las instalaciones, y abordar reformas presupuestarias para el Fondo Fiduciario de Aeropuertos y Vías Aéreas. Estamos de acuerdo en no perseguir la privatización de los servicios de control de tránsito aéreo de los EE. UU. y creemos que sería una distracción de estas inversiones y reformas necesarias”.
Las organizaciones claramente apuntan a que el Estado siga proveyendo todo como lo ha hecho a lo largo de décadas y están preocupadas por un cambio de paradigma en el que quien hace uso del sistema deba pagar por lo obtenido. En otras palabras, una parte mayoritaria de las organizaciones de tercer nivel de la aviación estadounidense está haciendo lobby para mantener un estatus quo que prorratee el costo de
la infraestructura aeronáutica entre todos los contribuyentes de la nación.
En parte, esta carta se suma al informe que presentaron otras organizaciones para demostrar la contribución de la aviación a la economía de los Estados Unidos (ver aquí), como una suerte de avanzada en la que sutilmente se muestra que el sistema vigente genera recursos que justificarían la “inversión” pública (subsidio) en el ecosistema que soporta la actividad aérea.
La premisa en que basan la estrategia es que si el Estado no sostiene, nadie lo hará, sin considerar que la aviación seguirá creciendo, la infraestructura continuará modernizándose y, lo más importante, la ecuación determinada por la inversión y los beneficios redundaría en una eficiencia mayor.
Siempre se ha dicho que la infraestructura y los servicios aéreos de los Estados Unidos son los más eficaces del mundo, y cada vez que se esgrime eso, se levantan muchísimas voces que aseguran que está muy lejos de ser el más eficiente.

