Duro informe de la Comisión de Transporte del Congreso de EE.UU.

Por los accidentes de los 737 MAX.

Foto: Boeing.

El pasado miércoles se presentó la investigación que realizó el Comité de Transporte de la Cámara de Representantes de los EE. UU., sobre las causas de los dos accidentes de Boeing 737 MAX que costaran la vida a cientos de personas.

El informe revela detalles que documentan lo que los representantes denominaron “un patrón perturbador de errores de cálculos técnicos y fallas de gestión de parte de Boeing”. Asimismo, el reporte, cuestiona a la Federal Aviation Administration (FAA) por una supervisión extremadamente insuficiente que no verificó adecuadamente el proceso de certificación de la aeronave.

En una teleconferencia, el representante Peter DeFazio, demócrata por Oregon y presidente del Comité, dijo que se propondría una legislación que establezca parámetros más estrictos para el proceso de certificación de los aviones con el objeto de mejorar su seguridad.

El informe acepta que el avión habría cumplido con normas, pero eso no habría sido suficiente para que fuera seguro, “como evidentemente quedó demostrado”, reza el reporte.

El legislador señaló en su intervención durante la videoconferencia, que el MAX, que llevó a la muerte a 346 personas en dos accidentes con cinco meses entre uno y otro, fue certificado originalmente por Boeing y la FAA como compatible con todas las normas de seguridad sin embargo “la gente murió”, dijo DeFazio.

Según los testimonios recogidos durante largas audiencias, se pudo confirmar que los ingenieros de Boeing plantearon sus dudas durante el desarrollo del MAX, sobre todo en materia del software de control de vuelo denominado MCAS, que tuvo un rol fundamental en los luctuosos siniestros.

 

 

 

 

 

 

 

 

El Comité realizó una recopilación detallada de memorandos y correos electrónicos internos de Boeing en los que los ingenieros criticaban el sistema que activaba el “aumentador de control” MCAS con un solo sensor, advirtiendo sobre las posibles consecuencias en caso de fallas por defectos en su fabricación u otros motivos y por la posibilidad de activaciones repetitivas que podrían afectar la capacidad de los pilotos para mantener el control o bien no poder hacerlo con suficiente tiempo si el MCAS se activaba por error.

“Las preocupaciones de seguridad –de los técnicos– fueron abordadas de manera inadecuada o simplemente descartadas por Boeing”, dice el informe.

Por otra parte, el trabajo del Comité indica que el fabricante no habría señalado los problemas a la FAA.

El informe documenta cuatro casos en los que los ingenieros de Boeing designados para representar a la FAA durante la certificación del MAX no habrían actuado con el celo adecuado.

La investigación de la Cámara de Representates llegó a la conclusión de que “la excesiva delegación de facultades de la FAA a Boeing erosionó la supervisión”.

DeFazio dijo que la mayoría demócrata en el comité han estado en discusiones durante semanas con los miembros de la minoría republicana sobre “legislación para asegurarse de que esto nunca vuelva a suceder”. Los republicanos sostendrían que la supervisión debería mejorar pero que el diseño de una normativa por parte de los legisladores sólo lograría poner trabas al desarrollo de la aviación sin que quede garantizada una mayor confiabilidad de los aviones producidos. Lo que la minoría pretendería es que la FAA elabore nuevos procedimientos y asuma mejor sus responsabilidades en vez de establecer por ley procedimientos para la fabricación de nuevas aeronaves que serían un obstáculo para la industria.

En ese sentido, hay muchos funcionarios y legisladores que sostienen que los fabricantes muchas veces poseen más conocimientos para diseñar y desarrollar nuevos aviones que los políticos y reguladores.

En última instancia, lo más adecuado es recrear un clima de trabajo responsable conjunto que permita un equilibrio razonable entre la autoridad y los fabricantes sin incurrir en la férrea limitación de las leyes.

La crisis en torno a los MAX señala culpables y los procesos judiciales siguen abiertos. Hasta ahora Boeing ha tenido que pagar duramente por su responsabilidad en los defectuosos diseños del avión, y si bien nunca será posible resarcir el daño en términos de pérdidas de las vidas que produjeron los terribles accidentes, el fabricante está jaqueado en todos los frentes por la situación, incluyendo la posibilidad de que los responsables deban rendir cuentas ante la Justicia.

 

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