Los vuelos

Un despropósito de aquí a la China … y ahora a Rusia • Por Luis Alberto Franco *

Primero fue el intento por hacer de un vuelo ordinario algo épico. La “misión imposible” de Aerolíneas Argentinas era traer respiradores e insumos de China. El relato era un episodio digno de un thriller en el que se incautaban los cargamentos en inhóspitos aeropuertos de ultramar, algo que si bien sucedió en un par de casos aislados, quedó desvirtuado luego de que decenas de vuelos privados de variadas líneas aéreas llegaran a la Argentina con insumos chinos de toda especie. Como era de esperar, la misión tenía que ser capitaneada por el sindicalista en jefe de los pilotos, Pablo Biró.

La verdad no era épica. Cualquier versión de los aviones Airbus A330 es inadecuada para un vuelo de carga entre Buenos Aires y China, más si la aeronave es de pasajeros. En los vuelos a China, a poco de decretarse la cuarentena “Guinness” en la Argentina, se transportaron 13.000 kg de carga, una capacidad contrastante respecto de un Boeing 747-400F carguero que transporta 112 toneladas o un B777-300 específico con posibilidades de transladar 93 toneladas. No se trata de la eficiencia o ineficiencia de los aviones sino de la misión en que serán empleados. Las erogaciones que asumió la Argentina fueron un verdadero despilfarro. Cuando este periodista consultó con Prensa de la empresa “de bandera”, se le negó la información sobre costos de la operación china. Sin embargo, especialistas del sector carguero de la aviación calcularon que un vuelo con esa aeronave fácilmente duplicaría el costo de mercado a pesar de que al comienzo de la pandemia las tarifas de carga, sobre todo a y desde China, treparon por las nubes.

 

 

Mientras se trazan estas líneas el vuelo AR 1060 de Aerolíneas navega a Moscú. En un primer momento se dijo que partiría alrededor de las 3 de la mañana del martes 22, pero la última información señala que despegó de Ezeiza a las 19:30. Otra vez el titular de APLA, el gremio de los pilotos, encabeza la “Operación Moscú”, epítome que anticipa el relato que se viene. La tripulación suma a 3 comandantes, 6 copilotos, 1 jefe de cabina, 2 comisarios y 6 auxiliares. Se anticipó que el avión permanecerá 6 horas en la capital rusa, luego emprenderá el regreso a Buenos Aires. Se transportarían 300.000 dosis de la vacuna Sputnik V (¡unas 8 toneladas!) y en el mismo vuelo volvería la doctora Carla Vizzotti y 5 funcionarios de Salud. El Convenio manda semejante despliegue de personal, la razón no. Tampoco que nuevamente se utilice un A330. Empresas con aviones específicos de carga como Lufthansa, KLM, Atlas o la propia DHL que acondicionó en Moscú las vacunas, podrían transportar la carga con una inmensa eficiencia comparativa, y la delegación volar por una aerolínea regular. Como dato, la carga entre Moscú y la Argentina tiene un precio de entre 6,50 y 7,50 dólares el kg. En una operación de este tipo lo normal es que las transportadoras consoliden el espacio de su bodega con varias cargas lo que reduciría significativamente los costos. Además, se podría pagar sólo por el tramo a utilizar (en este caso Moscú-Bs. As.) en vez de realizar un vuelo de más de 16.000 km ida vacío; pero aún si fuera imprescindible un transporte exclusivo, el ahorro por traer la vacuna con un avión ruso o europeo sería significativo.

Tanto la ineficiencia que ha quedado demostrada con las operaciones supuestamente heroicas de Aerolíneas como con los reclamos que acaban de realizar los sindicatos tienen un punto en común:

Resistir a la competencia y convencer a la ciudadanía sobre la imperiosa necesidad de contar con una aerolínea estatal.

Mientras se ultimaban los detalles del vuelo a Rusia, el pasado lunes 21, los Sindicatos Aeronáuticos Unidos (APA, APLA, APTA, ATEPSA y UPSA) se reunían con importantes autoridades del Ministerio de Transporte, para exigir, según reza el comunicado de las propias entidades, la derogación de “la autorización para operar en el país con matrículas extranjeras bajo la modalidad interchange, revertir la desregulación de los servicios de rampa impulsada en el gobierno anterior y volver a instalar bandas tarifarias …”, todas ideas que atrasan por lo menos 50 años y que no se plantean en casi ninguna parte del mundo a pesar de la crisis de la COVID-19 que ha sumergido a la industria aérea en la peor crisis de su historia.

Tanto la ineficiencia que ha quedado demostrada con las operaciones supuestamente heroicas de Aerolíneas como con los reclamos que acaban de realizar los sindicatos tienen un punto en común: resistir a la competencia y convencer a la ciudadanía sobre la imperiosa necesidad de contar con una aerolínea estatal.

Es cierto que en el mundo se aprueban subsidios para sostener a las compañías aéreas, por ejemplo, en los Estados Unidos se acaba de decidir una segunda serie de ayuda al sector, pero por el momento nadie piensa en volver a un sistema aeronáutico como el del siglo pasado, cuando los aviones navegaban con radiogoniómetros en vez de satélites y viajar era para pocos privilegiados.

La lucha contra la modernidad suele ser leitmotiv de los populismos, lo que no se entiende es que sus escuderos sean de la aviación que por antonomasia es futuro y progreso.

 

* Columna de opinión del director de Aeromarket, publicada por PERFIL el 23 de diciembre de 2020.
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