La historia de Aircom (Última parte)

Una empresa y un aeropuerto internacional privado • Por Victoria Kern y Pablo Luciano Potenze.

Vista aérea del aeropuerto de Don Torcuato.

El crecimiento del aeropuerto fue desordenado. La organización original consistía en una pista de 800 metros(16/34) a uno de cuyos lados se definió un espacio de estacionamiento de aeronaves, una calle de carreteo, y frente a ésta un sector de hangares. Un dibujo bastante común para la aviación general de 1947, perfecto para operar con los monomotores de entonces y apto para recibir máquinas algo más grandes. La pavimentación, que se hizo por etapas, en 1966 llegó a 1.100 metros útiles, con lo que pudo luego recibir jets pequeños.

Casi desde el principio también funcionó una pista transversal, (02/20) de 800 metros y en 1983 se trazó una tercera pista (04/22) de 800 metros, que llegó a tener un tratamiento asfáltico, pero que cayó en desuso. La torre de control se inauguró en 1950 en el edificio donde funcionan las oficinas de Aircom.

Es evidente que ni Laplace y sus compañeros de la primera hora, ni la autoridad aeronáutica ni los municipios de la zona pensaron que el aeropuerto podría crecer como lo hizo, y los problemas internos y externos fueron inevitables. El predio de 84 hectáreas tenía sus límites, pero como todos querían ir a “Torcuato”, se hizo difícil conseguir dónde construir nuevas instalaciones, algo que algunos particulares solucionaron adquiriendo terrenos linderos.

Al mismo tiempo en el entorno se produjo un gran crecimiento inmobiliario, y lo que en un principio era campo se convirtió en un suburbio primero y en una zona urbana después, donde se hicieron todo tipo de construcciones que no tuvieron en cuenta las limitaciones que imponía el aeropuerto y se convirtieron en obstáculos. De algún modo esto fue agravado por el hecho de que por su condición de privado el aeropuerto quedó de hecho fuera de los diversos planes de desarrollo que hizo la Fuerza Aérea. No deja de ser llamativo el hecho de que, en 1973, la Resolución 727/73 del CJFA, que hizo una planificación detallada para la infraestructura del área metropolitana de Buenos Aires, no menciona en ningún momento a Don Torcuato.

Muchísimos aviones que vinieron en gira de demostración, como este Thruxton Jackaroo, pasaron por Don Torcuato (Julio Pluss).

La llegada de los reactores y el crecimiento del tráfico llevaron a que durante la década de 1990 se generalizara un conflicto en el que todos estaban “contra” todos. Es difícil administrar una pista en la que al mismo tiempo operan aeronaves como un Cessna Citation haciendo transporte de pasajeros y Piper PA11 haciendo escuela. Esto dio lugar a que algunos usuarios comenzaran a migrar, aunque en algunos casos de modo parcial. Los instructores comprobaron que podían despegar de Don Torcuato, pero resultaba mucho más eficiente hacer las prácticas de aterrizaje en pistas menores de la zona de trabajo, donde los alumnos principiantes no tuvieran que estar pendientes de una actividad aérea de alta densidad. Los jets, por su parte, no podían utilizar la estrecha calle de carreteo y tenían que rodar por la pista, lo que limitaba también su uso.

Otra aeronave singular que eligió a Don Torcuato como base fue el dirigible de La Serenísima (Julio Pluss).

 

El plan de expansión

Los problemas descriptos, sumados a la necesidad de hacer inversiones importantes en el aeropuerto llevaron a Annie Laplace, presidenta de Aircom luego de la muerte de su padre Roberto Laplace, a hacer un estudio sobre el costo que tendría una reforma de fondo. La conclusión fue que el monto de la inversión a hacer no tenía sentido para un aeropuerto que seguiría teniendo una pista de 1.100 metros. Allí surgió la idea de crear un nuevo aeropuerto en otro lugar, con una pista larga y pensado para el futuro.

El primer paso fue buscar la tierra, algo que no era sencillo porque no tenía que quedar muy lejos ni muy cerca, no tenía que tener obstáculos alrededor, y tenía que encajar en el presupuesto. Pero el lugar se encontró, se compró y se pagó, comenzando a continuación las gestiones técnicas y administrativas. Aircom presentó los planos a la Fuerza Aérea, que los aprobó, y seguidamente todo pasó al ORSNA. Según Annie, la carpeta ahí durmió el sueño de los olvidos durante dos años, mientras la Argentina caía en la crisis de 2001.

Annie Laplace en 2003.

En este punto las posibilidades de Aircom para seguir adelante con el proyecto se agotaron, y se optó por buscar un socio, que resultó ser una empresa norteamericana dispuesta a hacer la inversión. Los trámites se seguían retrasando, pero un día el ORSNA dio luz verde. Una semana después cayó el gobierno de De la Rua, y eso llevó a los inversores a retirarse.

Y eso fue el fin. Sin inversores y con la actividad reducida a su mínima expresión, amén de algunas diferencias entre los socios, Aircom tomó la decisión de cerrar el aeropuerto, que dejó de operar en enero de 2006.

Los operadores siguieron varios caminos. Los que tenían fortaleza económica se instalaron en San Fernando, donde construyeron hangares importantes, pero tuvieron no pocos conflictos con la disciplina impuesta por la PSA y las limitaciones de la infraestructura, que es hoy mejor que la que había en Don Torcuato, pero tiene limitaciones.

Otro grupo fue migrando lentamente a Morón, donde la ANAC les cedió espacios para instalar, sobre todo, escuelas de vuelo. En los años siguientes la municipalidad lanzó la idea de crear un polo industrial y tecnológico aeronáutico, lo que atrajo a muchas empresas que están construyendo hangares importantes.

Un tercer grupo, menos empresario y con menores posibilidades económicas, optó por llevar sus aviones en General Rodríguez, una instalación más limitada y alejada de Buenos Aires, pero en cierto sentido parecida a lo que fue Don Torcuato en sus orígenes.

La empresa Aircom SA sigue existiendo y su presidenta es Ana Teresa Laplace.

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