Los 50 años del Concorde

El primer vuelo fue el 2 de marzo de 1969. Ahora vienen sus sucesores.

Foto: Gustavo Roberto D'Antiochia

El próximo 2 de mayo se cumplen los 50 años del legendario Concorde, el primer (y único) avión supersónico de pasajeros que sirvió en aerolíneas comerciales.

En los tiempos más crudos de la “Guerra Fría”, la competencia por demostrar el mayor desarrolló estaba a la orden del día. Había muchas áreas en las que los contendientes buscaban prevalecer, sobre todo ante una opinión pública que, dividida, se inclinaba por uno u otro modelo de sociedad y muchas veces lo hacía por los logros que se exhibían. Los deportes, con las olimpíadas, las conquistas espaciales, la aviación y el dominio atómico, fueron notables ejemplos de la carrera.

En 1950 Estados Unidos, la Unión Soviética, Francia y el Reino Unido empezaron a considerar aviones supersónicos, pero fueron Francia y Gran Bretaña los primeros que llegaron con un producto que resultó maravilloso: el Concorde.

Al embarcarse en semejante proyecto, los británicos y franceses firmaron un complejo y severo tratado que se firmó el 28 de noviembre de 1962. Tan duros eran los términos que abandonar el desarrollo llevaría a costos inmensos.

Las firmas Aérospatiale y BAC se unieron para iniciar la construcción conjunta del Concorde. Los clientes potenciales no mostraron interés alguno en la adquisición de la versión de corto alcance, la cual se abandonó para seguir con un modelo de larga distancia. Se producirían 100 aviones. Pan Am, BOAC y Air France fueron los clientes de lanzamiento con seis pedidos cada uno, otras aerolíneas mostraron curiosidad, pero no avanzaron demasiado; Los costos esperados eran muy altos y la rentabilidad estaba cuestionada.

El prototipo, Concorde 001, se comenzó a construir en 1965 en Toulouse, Francia, y el 002 en Filton, Bristol.

El avión voló el 2 de marzo de 1969, en Toulouse, al mando de André Turcat. La barrera del sonido se rompió 7 meses después, el 1º de octubre. Gran Bretaña voló el 002 el 9 de abril. Los prototipos se presentaron en el París Air Show, el 7 y 8 de junio de 1969.

El Concorde 001, realizó su primer vuelo trasatlántico el 4 de septiembre de 1971 y el 002 el 2 de junio del ’72. Los vuelos entusiasmaron a algunas aerolíneas, que encargaron unos 70 aviones que no llegaron a convertirse en operaciones concretas. La crisis petrolera del 1973 fue un golpe terrible para el proyecto. Los rusos avanzaron con el TU-144, un avión que sería recordado por un trágico accidente en ocasión del Paris Air Show, mientras realizaba maniobras similares a las que el Concorde había demostrado poco antes.

Estados Unidos se bajó de la competencia en 1971, el Boeing 2707 no logró financiamiento.

Los dos primeros aviones volaron unas 5300 horas de pruebas de vuelo, 2000 de ellas a velocidades supersónicas.

Cada avión costaba unos 46 millones de dólares de 1977.

El 21 de enero de 1976 con las rutas Londres-Baréin y París-Río de Janeiro inuguraron los vuelos comerciales.

Temas ambientales surgieron por todos lados, pero se acusó a Estados Unidos de atacar al proyecto por ese flanco. Hoy se cree que la razón era válida. Más allá de las sospechas, el secretario de transporte estadounidense, William Coleman, dio permiso a Air France y British Airways para operar el Concorde en el Aeropuerto Internacional de Dulles de Washington, lo que permitió que el 24 de mayo de 1976, aterrizara allí el gran avión supersónico. Nueva York se opuso a las operaciones en el aeropuerto JFK, pero la Corte Suprema estadounidense derogó la disposición.

La aeronave fue un gran avance, pero muy costoso para los fabricantes. El 25 de julio de 2000 ocurrión un grave accidente por razones que no fueron del avión, pero que empujaron a que Air France y British Airways dejaran de volarlo un 10 de abril de 2003.

Los vuelos supersónicos tuvieron a este extraordinario proyecto como antecedente y ahora parece que la idea retoma fuerzas o vuelo, podríamos decir.

Quien esto escribe condujo el programa de aviación “Aeropuertos” en Radio Belgrano, entre 1978 y 1979, la cortina musical que elegimos junto a Carlos D’agostino fue “Concorde” del compositor Frank Pourcel. La pieza era muy adecuada, pero la invocación al Concorde un muestra de lo que significaba para el público este avión increíble. Renovemos hoy nuestro homenaje

Luis Alberto Franco

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